La Danza de los Enanos
“(...) ¿Qué son los Enanos? De ellos puede decirse mucho:
un prodigio de inocencia, originalidad e ilusión, y con Nervo: quien los vio no los puede jamás olvidar… De ellos puede decirse todo, menos decir qué son....”
Luis Cobiella Cuevas, 2000
Las fiestas más importantes de la isla de La Palma se producen cada cinco años con la llamada “Bajada de la Virgen”, festejos en honor de la patrona de la isla, la Virgen de las Nieves, celebrados durante los meses de julio y agosto de cada lustro. Estas fiestas rememoran la disposición eclesiástica de 1676 dictada por el Obispo Bartolomé García Ximénez, según la cual, la venerada imagen bajó desde su santuario a la capital, pidiendo con ello su intercesión para acabar con una pertinaz sequía que se abatía sobre campos, gentes y ganados. El prelado García Ximénez, viendo el fervor popular, resolvió que el devoto acto se repitiese cada cinco años a partir de 1680.
La parte más importante de la “Bajada de la Virgen” es la llamada Semana Grande, que comienza el segundo domingo de julio, y donde intervienen los “mascarones”, los gigantes y cabezudos, así como otros muy vistosos pasatiempos de carácter literario y musical de reconocida tradición histórica.
Como en muchísimos pueblos y ciudades de España, los gigantes y cabezudos son muy populares, pero en Santa Cruz de La Palma, la capital de la isla, se produce todos los jueves de esa Semana Grande, la interpretación más distintiva y original de la “Bajada de la Virgen”: la Danza de los Enanos, sin duda el número fuerte de la fiesta, cuyo origen, según el reconocido investigador palmero Alberto José Fernández García, se remonta a las celebraciones del Corpus Christi, que desde el siglo XVI solían incluir danzas de “mascarones”. La más antigua noticia que se conoce, por ahora, de la Danza de Enanos en Santa Cruz de la Palma data de 1833, ocurrida durante unas celebraciones en el mes de diciembre de ese año por la entronización por los liberales de la reina Isabel II. Tal como dejó escrito el sacerdote don Celestino del Castillo Martín, entonces se bailó en Santa Cruz de la Palma una danza de seis enanos y otras tantas enanas vestidas a la española antigua.
Con el tiempo, don Manuel Díaz, sacerdote beneficiado de la parroquia principal de El Salvador (donde se hospeda la Virgen de las Nievas durante estas fiestas que es trasladada en hombros desde su Santuario del monte a la capital de la isla), hizo caretas para esta danza y modeló una comparsa de gigantes. La labor del Padre Díaz, un hombre liberal para su época y amante de las artes y los regocijos populares, la continuó Félix Martín Pérez, profesor de la Escuela de Artes y Oficios, la institución española de educación de adultos con más tradición histórica, que actualmente sigue existiendo. En 1905, el comerciante y responsable de la danza, Miguel Salazar Pestana, ideó e incorporó la transformación de hombres a enanos. Unos años antes desaparecieron las “enanas”, que nunca fueron mujeres sino hombres vestidos de tales, y aún hoy no se ha reclamado la participación de mujeres en tan asombrosa y sugestiva danza. Inicialmente, la vestimenta de esta popular celebración se hacia en las casas de las familias pudientes de Santa Cruz de La Palma, que sufragaban sus gastos, pero ya cuando el número se consolidó todos los gastos corrieron, como ahora, a cargo del Ayuntamiento capitalino.
La Danza de los Enanos es el número de las fiestas de la “Bajada de la Virgen” más entrañablemente unido al sentimiento del pueblo palmero. Consta de dos partes, en la primera los danzantes representan cualquier personaje (hasta ahora han sido monjes, japoneses, marinos, astrónomos, peregrinos, viejos estudiantes, frailes dominicos, atenienses…), mientras bailan y cantan, variando la letra y la música en cada edición. La segunda parte comienza cuando los danzantes antes citados van entrando en una pequeña caseta y salen en pocos segundos transformados en enanos que bailan agitadamente al son de una popular polca tocada por una banda de músicos ante el delirio e incredulidad del público. La segunda parte tanto en coreografía como en música siempre es igual.
De la Plaza de Santo Domingo la comitiva de enanos se traslada a las repletas y adoquinadas calles de Santa Cruz de la Palma, donde continúan bailando durante toda la noche, hasta que los primeros rayos de sol se reflejan en los mástiles del conocido “Barco de la Virgen”, en La Alameda, el último de sus escenarios hasta dentro de cinco años.
Tanto los organizadores de la danza como los ejecutantes son palmeros que van transmitiendo celosamente de padres a hijos los entresijos de este único y singular espectáculo. Los ejecutantes de la danza son personas jóvenes, pues sólo ellos pueden soportar el esfuerzo y sacrificio que supone la larga tarde/noche de día de los Enanos.
Adaptado y ampliado sobre una versión previa de “La Palma: La “Bajada de la Virgen” de las Nieves”, en Expocultur(San Sebastián de los Reyes, Madrid) (núm. 7, 2005, pág. 16-18; localizable en: http://expocultur.com/expocultur/revistas/07Julio2005.pdf)



